Vancouver:
Contraste urbano y entorno natural
PAOLA
CAIRO ROLDAN
Camino por un sendero con vista a una apacible bahía, me pierdo
por unos segundos entre bosques de cedro y termino este corto, pero
sublime paseo, frente a un lago sobre el que ahora, en plena primavera,
flotan cientos de hojas ocres y rosas. Un raccoon husmea en los alrededores
y el sol empieza a caer en este rincón de ensueño... usted
podría pensar que visito una alejada reserva natural, pero lo
cierto es que estoy en Stanley Park, un parque urbano fascinante a 15
minutos del centro de la ciudad.
La ciudad se llama Vancouver y este colosal parque es una suerte de
metáfora que captura su esencia. Mientras observo las playas,
los lagos y la robusta vegetación de Stanley Park, mientras veo
a niños, jóvenes y adultos disfrutar de su belleza y aire
puro, comprendo de inmediato que la frescura de Vancouver nace de su
íntima relación con la naturaleza.
Stanley Park, el parque más querido por los vancouverites, es
quizá el mejor ejemplo de esta confortable vecindad entre ciudad
y entorno natural, pero no es el único. Vancouver, la principal
urbe del oeste canadiense, crece rodeada por bosques, playas, bahías
y montañas magníficas.
Vancouver, sin embargo, ofrece todavía más. Además
de ser dueña de una admirable geografía es una metrópoli
moderna, cosmopolita (su población asiática es muy grande),
de cultura dinámica, moda de vanguardia, gastronomía variada
y gente muy acogedora. Si a eso sumamos que posee el clima más
templado de Canadá --en enero, la temperatura media ronda los
3 C y en julio, los 18 C-- resulta que Vancouver es un destino turístico
prácticamente irresistible. Los turistas vienen aquí durante
todo el año, siendo el verano una de las temporadas favoritas.
Vancouver está ubicada en la esquina suroeste de Canadá,
en la provincia de British Columbia. La ciudad besa las aguas del Océano
Pacífico y goza de espléndidas vistas hacia las majestuosas
montañas North Shore. Distintas tribus nativas, los Squamish,
los Musqueam, los Kwantlen, habitaban la zona cuando, en la segunda
mitad de los años 1700, llegaron aquí exploradores europeos.
Vancouver nació como un aserradero y se le llamó Granville.
Fue en 1886 que la ciudad se constituyó como tal, bajo el nombre
que lleva hoy, Vancouver, en memoria del capitán naval británico
que exploró la zona en 1792, George Vancouver.
Bahías, playas, ensenadas... en tres de sus lados, Vancouver
está rodeada por agua. Cada vez que atraviese alguno de los puentes
que conectan el downtown con los alrededores, esté atento, pues
estos desplazamientos regalan preciosas panorámicas de las aguas
peinando la ciudad.
Entre las numerosas excursiones que ofrece Vancouver, Granville Island
es una de las que no debe perderse. La pequeña península,
a 15 minutos del centro, lo atrapará por su carácter vibrante.
Granville Island alberga estudios de artesanía, cerámica
y joyería, además de museos y teatros, pero la estrella
del lugar es el pintoresco mercado público, un paraíso
de colores y frescos aromas y sabores.
Aquí se vende el delicioso wild BC salmon, las flores más
exóticas, especias de cualquier nacionalidad (desde páprika
húngara hasta orégano mexicano), pastas, granos, frutas,
carnes apetitosas y mucho más. El mercado es un lugar para la
compra y también un vital espacio de reunión de los vancouverites.
Si desea experimentar la atmósfera de la ciudad, éste
es un comienzo estupendo.
En el downtown de Vancouver uno de los barrios más efervescentes
es Yaletown, un antiguo distrito de almacenes que hoy es un vigoroso
pulmón de la vida nocturna y un modernísimo escaparate
del diseño y la moda local (Yumi Eto, la prodigiosa diseñadora
canadiense, tiene su atelier aquí). Shopping selecto y estilizados
bares y restaurantes abundan en Yaletown, una zona donde quizá
se tope con alguna de las estrellas de cine que suelen aterrizar en
Vancouver; recuerde que esta ciudad es el tercer centro de producción
cinematográfica y televisiva de Norteamérica.
En Yaletown está el Opus Hotel, uno de los nuevos y más
celebrados hospedajes de la ciudad. Su decoración ecléctica,
mezcla entre lo clásico y la vanguardia, atrae al visitante más
exigente. A ritmo de jazz, o de tango, su encantador bar de reminiscencias
europeas recrea los clásicos sabores franceses y a veces sorprende
con divertidas fusiones que incluyen el toque de la west coast cuisine.
Aun si no se hospeda en el Opus Hotel --sus 96 habitaciones tienen gran
demanda-- haga una escala en el bar-restaurante y disfrute de un exótico
cóctel o de un plato sabroso, por ejemplo el elixir boullabaise.
Otro de los espacios de la ciudad que resplandecen, especialmente en
los días de sol, es el malecón o waterfront. Con vista
a Burrard Inlet y a los elegantes cruceros que surcan sus aguas, la
zona es ideal para la caminata. Aquí además está
el Canada Place, un edificio de escultóricas crestas de teflón,
que evoca la imagen de un gran barco a vela navegando. Construido para
la Expo 86, el Canada Place es todo un ícono urbano.
A muy corta distancia del Canada Place se encuentra la histórica
Gastown, la zona más antigua de la ciudad. Gran parte de los
restaurados edificios de Gastown hoy acogen tiendas de ropa, galerías
de arte, cafés y restaurantes. Recorra sus calles de ladrillos
y contemple su rica arquitectura victoriana. En Water Street hay una
parada de rigor: el Gastown Steam Clock, una de las más fotografiadas
atracciones turísticas locales.
Vancouver es sede de uno de los principales museos de arte del país,
la Vancouver Art Gallery. La colección permanente incluye unos
8,000 trabajos y el museo presenta notables exhibiciones temporales.
El plato fuerte es su vasta compilación de la obra de Emily Carr,
la renombrada artista canadiense nacida en British Columbia.
No hay mejor lugar que éste para apreciar las pinturas y dibujos
de Carr, una mujer apasionada por el paisaje de British Columbia y dueña
de un hondo interés por la cultura nativa. Los paisajes de Carr
exhiben un mágico efecto de movimiento. Cedros, pinos, montañas
o cuervos parecen cobrar vida en sus cuadros. Apreciar su trabajo es
regresar, de algún modo, a esa entrañable conexión
entre vida y naturaleza que se respira en esta parte de Canadá.
Stanley Park es, precisamente, el mejor ejemplo de este aspecto característico
de Vancouver, de su cercanía a la naturaleza. Por ello, ninguna
visita a la ciudad estará completa si antes no ha pasado por
aquí, el tercer parque urbano más grande en Norteamérica.
Stanley Park, que recibe ocho millones de visitas anuales, tiene lagos,
playas, bahías, bosques, el acuario más voluminoso del
país y está dotado de una amplia infraestructura de servicios.
Especialmente durante la primavera y el verano, el parque es infinitamente
placentero. Aquí se puede jugar al tenis, nadar o practicar golf.
Un sendero de 10.5 kilómetros con vista al mar hace las delicias
de quienes desean patinar, montar bicicleta, trotar o caminar bajo la
brisa marina. Túmbese en alguna de las playas del parque, recorra
sus bosques y no deje de apreciar los Totem Poles, famosas representaciones
en madera esculpidas por artistas nativos.
Si viene en tiempo de sol quizás le interese conocer Wreck Beach,
la popular playa nudista de Vancouver. Ubicada en la zona de Point Grey,
Wreck Beach parece arrancada de los 60. De aire hippie, desenfadado
y tolerante, la playa puede ser una casual ventana hacia la diversidad
cultural de la ciudad: no olvidaremos a aquel abuelo chino que aquí
en la playa, una tarde de verano, le enseñaba a pescar a su nieto,
ambos totalmente vestidos, sin inmutarse por la concurrencia nudista.
Si a estas alturas se está preguntando qué ofrece Vancouver
en el invierno, le tenemos muy buenas noticias: a menos de una hora
de la ciudad hay varias montañas en las que se puede esquiar
y practicar diversos deportes de nieve. Pero si dispone de más
tiempo vaya a Whistler, un maravilloso resort de esquí considerado
entre los mejores del mundo, a sólo hora y media de la ciudad.
Whistler y Blackcomb, las dos montañas del lugar, ofrecen la
nieve más fresca y profunda, extraordinarias caídas verticales
y juntas constituyen el área de esquí y snowboarding más
grande en Norteamérica.
Whistler, que durante el verano también brinda un sinnúmero
de actividades, alberga 200 trails de diverso grado de dificultad. En
Whistler, las pistas de esquí avanzan entre montañas y
bosques y conducen hacia espléndidos bowls alpinos o incluso
hasta glaciares. Si le tocan días lluviosos, no se inquiete:
recuerde que la lluvia significa nieve abundante en lo alto de las montañas.
Precisamente, debido a sus fabulosas condiciones, Whistler y Vancouver
serán la sede de los próximos Juegos Olímpicos
de Invierno en el 2010. La cuenta regresiva para los juegos ya ha empezado.
Afortunadamente no hay que esperar hasta entonces para gozar de esta
vital y preciosa esquina del oeste canadiense. ¡Venga y disfrute
por adelantado!